El sistema integrado de transporte

Una de las cosas que caracterizan un país es su sistema de transporte. Me acuerdo de un amigo que me contó del sistema alemana: “El tren te deja en el terminal de buses y cinco minutos más tarde el bus te lleva a tu destinación”, me escribió, “un sistema realmente integrado”, añadió picado porque el sistema británico no es así.

Bueno, el sistema de transporte peruano es singular, con otro tipo de planificación y otra forma de integración. No es fácil entenderlo a primera vista, pero tiene cierta lógica y organización. Y, dentro de este sistema hay ciertas ventajas y desventajas de ser extranjero, al menos según mis experiencias…

Carretera Tarapoto Moyobamba

Carretera Tarapoto Moyobamba

Para poder despedirme de mis amigos de Moyobamba, ciudad donde pasé más de la mitad de mi tiempo en el Perú, quería planificar un corte viaje a la Selva. Con varias semanas de anticipación –para aprovechar las ofertas–, compré un pasaje de ida y vuelta en avión. La única restricción es que, una vez comprada, no se permite ningún cambio.

Neblina

Todo tranquilo hasta una semana antes cuando, como es su costumbre, descendió la neblina de mayo y esta vez prácticamente se cerró el aeropuerto de Lima. Decenas de aviones fueron desviados a Pisco, Chiclayo y otros aeropuertos regionales, se cancelaron unos vuelos internacionales, hasta unos pasajeros quedaron varados en Guayaquil, Ecuador. Sin contar con suficientes días disponibles para viajar por tierra tenía el presentimiento de que el viaje no se iba a concretizar; sin embargo, dos días antes del vuelo, la neblina había levantado y los vuelos estaban saliendo.

Llegué a Tarapoto (dos horas por carretera de Moyobamba) sin mayores novedades, pero en la mañana del día siguiente me encontré con un hombre que recién había llegado al hotel con barro hasta las rodillas. “He tenido que cruzar los arrozales”, me dijo, “porque los indígenas han tomado la carretera”. Bueno, de las organizaciones indígenas de Lima tenía información que iban a tomar la carretera, entonces vine preparado con una mochilita y una bolsita no más, mis zapatillas para caminar y una yapa de bolsita de Dunkin´ Donuts con unos encargos. Lo curioso es que varias personas en el avión viajaron con bolsas de Dunkin´ Donuts también, pero eso es tema de otra investigación…

Paro indígena

Entonces, salí preparado para toda eventualidad. Llegué en motokar al primer piquete (precio muy especial para recién llegados) y me quedé allí para conversar con los indígenas. Les expliqué que trabajo con las organizaciones indígenas en Lima y que estamos unidos en la misma lucha por el respeto de sus territorios y recursos naturales, y que por favor quería pasar por la carretera porque no podía llevar mis Dunkin´ Donuts por los arrozales. Después de media hora saqué mi cámara para tomar unas fotos, y el dirigente me miró, “¿por qué demoraste tanto?. Llamó a su gente a ponerse en orden para la foto. Tal reacción nunca había experimentado antes.

Me hicieron juntar con su bloqueo durante una hora, acompañándoles con sus consignas: “¡La tierra no se vende, la tierra se defiende!”, antes de permitirme pasar. Lo mismo tenía que hacer hice durante cuatro piquetes, hasta encontrar un auto al otro lado, que me llevara a Moyobamba.

Primer piquete Tarapoto

Huaicos

El resto del viaje demoró un poco más de lo normal porque tuvimos que parar por la caída del puente del río Gera, además de negociar varios puntos de la carretera que se habían reducido a un solo carril, resultado de las lluvias.

Por tres días en Moyobamba estaba monitoreando las noticias y parecía que, a pesar de haber radicalizado el paro, todavía hubo pase, entones el lunes salí de Moyobamba siete horas antes de vuelo para asegurar mi llegada al aeropuerto.

Sistema integrado de transporte

Media hora antes de Tarapoto nos encontramos con un grupo de indígenas que vinieron en la dirección opuesta y estaban llevando su piquete a otro punto de la carretera. El taxista tuvo pánico que se pinchara sus llantas, y nos dejó allí, todavía legos del próximo piquete.

Desde allí tuvimos que cogernos del sistema integrado de transporte (no formal) que estaba en plana operación.

Tomamos un motokar hasta el primer piquete, que en realidad fue un viaje espectacular, corriendo por la selva justo antes del anochecer cuando los verdes de las palmeras se intensifican, las sombras se alargan y hay cierta calma. Allí se abría el piquete cada hora y nos hicieron esperar una hora hasta las seis de la tarde, casi la noche. Durante este tiempo se acercó un lugareño y, al verme, gritó a todos, “¡Que no pase el gringo! ¡Que no pase el gringo! ¡El gringo debe quedarse acá la noche!”. Una vez calmadas las carcajadas, pareció tener un cambio de opinión, “¡solamente el gringo va a pasar! ¡Solamente el gringo va a pasar!”.  

Al llegar la noche todos pasamos y, faltando cuatro horas hasta el vuelo, nos pusimos a caminar los nueve kilómetros a Tarapoto, con cinco más hasta el aeropuerto. Después de media hora de caminata a toda velocidad bajo la luz de la luna, el sistema integrado de transporte se puso en funcionamiento y unas motos (no sé cómo llegaron allí, entre dos piquetes, ¡pero no tanto me importaba en este momento!) nos llevaron hasta la entrada de Tarapoto.

Paro de motokaristas

Llegamos hasta el río Cumbaza donde, por motivo del paro de 48 horas de los motokaristas, la carretera estaba bloqueada. Allí nos pasamos corriendo porque iban a cerrar el pase hasta el día siguiente. También nos informaron que los motokaristas habían tomado el aeropuerto y se habían cancelado todos los vuelos.  Llamé a casa para averiguar pero me aseguraron que los vuelos estaban saliendo con normalidad.

Caminando entre los piquetes

Caminando entre los piquetes

Faltaban tres horas y ocho kilómetros. Después de caminar unos minutos otro motokar que no acataba el paro nos llevó hasta la ciudad. Me despedí de mis amigos de lucha y me dirigí hasta la Plaza de Armas para averiguar la situación de los vuelos y ver si iba a ser necesario caminar hasta el aeropuerto. Me encontré con la oficina de la compañía aérea cerrada (casi toda la ciudad estaba sin movimiento) entonces, me acerqué a un grupo de policías para averiguar más acerca de la situación del aeropuerto.

Ventajas de ser misionero extranjero

“¡Hermano!”, me gritó uno de ellos antes de dar me un abrazo de oso, “¿Cómo estás?”. Al inicio pensé que estaba hablando en broma pero pronto me di cuenta que, en el lugar más inesperado, me había encontrado con un hermano policía de la iglesia de Moyobamba con quién jugaba fulbito los domingos.

De inmediato él pidió permiso a su superior para llevarme al aeropuerto y en el camino tuvimos tiempo para ponernos al día de su familia, mis planes, su adaptación a la ciudad, etc.

Una vez en el aeropuerto de Lima tomé un taxi formal directo a mi casa.

Es otro sistema de transporte, con sus propios desafíos, su propia gracia y su propia lógica. ¿Lo extrañaré? No podría decir que no, de vez en cuando. Pero, muy de vez en cuando.

17 de mayo del 2009.

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Una respuesta to “El sistema integrado de transporte”

  1. Mario Mercedes Says:

    ¡Que no se vaya el gringo!
    ¡Que no se vaya el gringo! -gritaron todos.
    Una vez calmados, levantaron la mano para decir adios y pensaron: “Quiera Dios que vuelva pronto”.

    Lo extrañaremos?
    ¿Quién pudiera decir que no?

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