Diez cosas que no se debe hacer II

Segunda Parte

 

Como continuación del post anterior, abajo incluyo tres experiencias que espero nunca vuelvan a repetirse…

 

Regla 6: Ensaya bien tu discurso

Antes de venirme a Lima en el año 2002 para una pasantía de tres semanas, estaba retomando mis clases de castellano; sin embargo, a pesar de entender casi un 70 por ciento de lo que me decían, tenía dificultades en expresarme, y todavía vivía en el tiempo presente (por falta del manejo de otros tiempos). Decidí no dar ningún discurso en castellano durante mi corta estadía en el Perú, sino hablar por medio de traductores.

 

Al llegar al Perú, me di cuenta de que la falta de manejo del idioma no me iba a salvar, simplemente no aceptaron mis pretextos, mis preocupaciones y mis protestas. Lo importante era aprovechar al máximo la visita, superar los miedos e ir construyendo juntos en el camino. ¡La vergüenza no existe!

 

El primer día me habían concertado una entrevista en vivo por un espacio de una hora en un canal -cristiano- de televisión. Fuimos con la periodista de la oficina, y acordamos en el camino que la íbamos a hacer juntos.

 

La primera media hora salió bien (yo no dije nada) y luego me tocó a mí. Di mi pequeño discurso de dos minutos que había preparado y luego la conductora –con una enorme sonrisa, como para calmarme, pero en realidad más sirvió para asustarme- me empezó a lanzar sus preguntas. De las cinco preguntas entendí dos. Una pregunta se tuvo que repetir tres veces, y aún así no la entendí. Entonces, poniendo en práctica la capacitación que había recibido en el manejo de los medios de comunicación (decidir su mensaje e incluirlo cualquiera sea la pregunta), contesté cualquier cosa para salir del paso.  

 

Después de la entrevista, la periodista intentó apaciguarme al explicar que el canal solamente tiene una sintonía de tres personas, que ningún conocido habría visto la entrevista. No me convenció y desde este momento empecé a planificar cómo devolverle el favor cuando ella fuera por Inglaterra para su propia pasantía un par de meses más tarde.

 

Unos días después, para agudizar el trauma, se había invitado a treinta pastores para un desayuno de trabajo, bajo el título de “La responsabilidad social de la iglesia”, el ponente principal siendo un misionero inglés perdido en el espacio. Entre tres preparamos mi discurso en castellano, y en el momento indicado, lo leí por 40 minutos sin entenderlo todo -realmente sentí pena por la gente que había sacrificado su tiempo el sábado en la mañana- y otra vez las preguntas…

 

Allí me relajé un poco, y la gente se despertó. Al lanzar una pregunta de cómo interactuar con las autoridades locales, quería dar valor a los pastores y tranquilizarlos de que no tenían por qué tener miedo. Sin embargo, entré en dudas acerca de la palabra correcta y al contestar, les dije a todos: “¡no tengan mierda cuando hablan con las autoridades!”.

 

Una mujer -bien arreglada y sentada en la primera fila- me dijo en voz muy baja: “miedo”, y al darme cuenta del error, simplemente quise que la tierra me tragara. Gracias a Dios que nadie estaba filmando.

 

Regla 7: No salgas de la casa sin llaves

En Moyobamba vivía por tres años al costado de la dueña de mi casa. Ella tenía otro juego de llaves para la casa, pero, siendo muy respetuosa de mi privacidad, nunca entró sin permiso.

 

Después de un viaje de dos semanas regresé a mi casa para encontrarme con la grata sorpresa que se había sembrado flores en mi huerto, adelante y atrás. Igualmente, había aumentado la cantidad y variedad de animales en su huerto al costado.

 

Al despertarme el día siguiente vi por la ventana que unos de los pollitos habían pasado a mi huerto por medio de los huecos en el cerco de bambú. Todavía temprano, salí para averiguar más sobre la situación. En este momento una ráfaga de viento cerró mi puerto y me quedé atrapado en un espacio de tres metros por cinco, sin posibilidad de salida, sin llaves y solamente en calzoncillos y polo.

Mi calle en Moyobamba. haz click para ver más imágenes de Moyobamba.

Mi calle en Moyobamba. haz click para ver más imágenes de Moyobamba.

Escuché la dueña trabajando al costado, y sin otra opción, empecé a llamarlo para pedir auxilio. Dentro de diez minutos me escuchó y apareció al otro lado del cerco. La conversación tomó el siguiente rumbo:

       Hermana, buenos días. Un par de preguntas. En primer lugar, ¿son sus pollos?

       Si hermano, la semana pasada se escaparon también, pero entré por el cerco y los rescaté.

       ¿Y Ud. debe haber sembrado las flores también?

       Si hermano, hay más si le guste.

       Gracias, muy gentil. Segunda pregunta: ¿puede buscar su juego de llaves y abrir mi puerta? He dejado mis llaves adentro y la puerta se me ha cerrado.

       Solamente puedo abrir la puerta con su permiso. Ayer Ud. dejó la luz prendida y yo no sabía qué hacer. No puedo simplemente entrar.

       Gracias por la consideración, pero si vuelve a pasar, tiene mi permiso para entrar y apagar la luz.

       Pero Ud. sabe que no puedo entrar así no más.

       Sí, entiendo, pero tiene mi permiso. Ahora, ¿sería posible buscar sus llaves y abrir la puerta? Y por si acaso, si me encuentra atrapado en el huerto otra vez en mi pijama, tiene permiso para entrar la casa y ayudarme.

 

Ella va para buscar sus llaves. Regresa dentro de unos minutos y me pasa la llave de la puerta de atrás. No funciona.

       Bonitas flores, ¿no? Debe regarlas más seguida.

       Si son bonitas. Esa llave no funciona. Quizá puede entrar por la puerta adelante.

 

Cinco minutos más tarde entra mi casa y me rescata del huerto. Me visto rápidamente.

       Sacaré los pollos.

       Gracias.

 

Regla 8: Averigua bien el menú

Morroyacu es una comunidad nativa aguaruna de la selva peruana. Para llegar uno debe tomar la carretera por un promedio de una hora y media, luego hay dos opciones. O por el río Huascayacu (“huasca” de borracho, y “yacu” que es quechua por agua, así llamado porque el río da vueltas como si no supiera su destino); o por un camino al costado del río.

 

En esa ocasión, fuimos con un compañero de trabajo y dos aguarunas como guías y cargadores, e hicimos la caminata en tres horas de medio, durante la cual tuve que agacharme todo el tiempo porque se había limpiado un túnel por el bosque, ¡pero de tamaño peruano!

 

Al llegar a la comunidad, cansados y sudados, nos bañamos en el pozo –una experiencia única en pleno bosque, con agua helada y millones de mosquitos disfrutándose de la sangre nueva- y fuimos a la casa del jefe para cenar, con altas expectativas de la rica carne de monte que nos había prometido.

 

Llegamos un poco tarde entonces nos sentamos a tomar nuestra sopa fría con su presa de carne de monte.  A mí me tocó una pierna, allí flotando de manera inocente en mí delante, con su piel y sus vellos. Para conocer más de cerca exactamente qué estuve comiendo, levanté la tapa de la olla para mirar. Allí me encontré con una mano saludándome como si me conociera, unos dientes en forma de sonrisa, además de una colita que apenas cabía en la olla. Exprimí el jugo de dos limones y, caballero no más, tenía que comer lo que nos habían preparado, sobre todo por el gran esfuerzo que habían hecho para conseguir la carne del monte.

Mono doméstico en la comunidad. Haz click para ver más imágenes de las comunidadas nativas aguarunas de San Martin.

Mono doméstico en la comunidad. Haz click para ver más imágenes de las comunidadas nativas aguarunas de San Martín.

Intenté no pensar en el pobre monito que había sido sacrificado para nuestra cena.

 

Al mismo tiempo llegó el refresco, el masato. Las mujeres tienen el rol de preparar el masato, el cual demanda que mastiquen la yuca hasta que se ponga suave, y luego lo escupen en un balde, donde luego empieza a fermentarse. Si no me detengo en el proceso de fabricación, y si el masato ha sido preparado el día anterior y su proceso de fermentación apenas ha comenzado, me gusta y no tengo problemas en tomarlo.

 

Sin embargo, esa vez mientras lo estuvimos tomando, tuvimos la compañía de las dos hijas y la mamá de la casa, cada una mostrando -con sus mejillas llenas- el proceso lento de masticación de la yuca para el día siguiente. Estuvimos demasiado cercanos a ese proceso de preparación para seguir tomándolo con tranquilidad.

 

La noche siguiente, mi compañero fingió malestar de estómago y yo tuve que repetir el plato solo, pero esa vez llevé mi propio refresco.

 

24 de enero del 2009

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5 comentarios to “Diez cosas que no se debe hacer II”

  1. Rolando Perez Says:

    Que tal inmersión antropológica!!. Gracias por contar tan bien tus historias viviendo en este país de muchos contrastes y mixturas culturales. Disfruto mucho leyéndolos, porque me recuerdan muchas de mis historias de mi vida en la selva. Gracias por ayudarme a re-encontrarme con mis raices culturales.
    ya tendremos tiempo para reencontrarnos para hacer salud con un buen masato, hecho el dia anterior por supuesto.
    abrazos,

    rolando

  2. Cristóbal Says:

    Graham, nuestro país es tan variado y lleno de aventuras que nunca la olvidarás. Supongo que la siquizapa y el suri, también te gustaron. Un abrazo.

  3. jesica Says:

    que miedo con el miedo jajajaja…si es consuelo …no eres el único extranjero que pasó por esto …pero de seguro cada experiencia es única …me reí mucho amigo …exitos

  4. Jaqui Says:

    Hola Graham, he disfrutado con tus escritos y he reflexionado con otros. El sarcasmo sigue intacto, no? Vale, lo disfrutamos todos los que te leemos. Habría muchos comentarios por realizar, desde los partidos de futbol y tu graaaan sentido de competetividad (alguien dijo “picón”?), el festejo del Hotel Mirador (televisado en todo Moyobamba), etc, etc, etc. Sigue con esta nueva faceta y felicidades. Eres peruano de corazón, por decisión y vocación.
    Abrazos!

  5. Mario Mercedes Says:

    No tenemos un Módulo de Atención en Morroyacu, pero después de leer tu relato, creo que vamos a tener que instalar uno para recoger los datos de todas las víctimas que fueron torturados, desaparecidos, asesinados o que terminaron en el estómago de algunos desalmados. No pierdan la ESPERANZA de ser reparados monitos, esa gente no tendrá PAZ después de lo que han hecho.

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